¿Tiendes a aplazar tus obligaciones? El efecto Zeigarnik

Todo hijo de vecino ha dejado en alguna ocasión algo importante para el final. Más de una vez hemos dado vueltas a un asunto pendiente (un examen, un trabajo, una charla, un proyecto…), que “nos supera” y lo aplazamos por diferentes motivos: el perfeccionismo, la incapacidad de dividirlo por partes, el aburrimiento que nos provoca, el miedo al fracaso, la falta de auto-control, etc.

Al final nos bloqueamos y lo acabamos haciendo a última hora, rápido y mal, o, aún peor, lo seguimos dejando “aparcado” hasta un futuro incierto.

En la década de los 20, una estudiante de psicología llamada Bluma Zeigarnik comprobó en una cafetería de Viena que los camareros del establecimiento recordaban fácilmente la comanda cuando les pedían la cuenta los clientes. Pero, en cambio, les costaba más acodarse cuando les consultaban sobre lo consumido después de haber pagado la cuenta. Parecía que una vez concluido el proceso, borraban de su memoria el pedido del cliente.

Sorprendida, realizó un estudio en el que pudo comprobar cómo los individuos que habían sido interrumpidos haciendo cualquier tarea recordaban mejor qué habían hecho, en comparación con aquellos que habían tenido tiempo de acabarla.

Al parecer, empezar una actividad produce en nosotros una activación psíquica que no deja de “molestar” hasta que hemos puesto fin a lo iniciado. Esta activación es la que nos permite recordar mejor aquellas tareas inacabadas o pendientes que las que ya se han finalizado.

Dicho esto, y volviendo al al tema de la procrastinación, ¿cómo podemos aplicar esta teoría a nuestra tendencia a aplazar las obligaciones?

Respondiendo a la pregunta, te propongo un sencillo ejercicio que te puede ir muy bien. Consiste simplemente en que dediques sólo unos minutos al día a realizar la actividad pendiente. Proponte al día los mismos minutos, pon una alarma cerca ¡Y no te pases de la hora! Si, por ejemplo, dedicases 20 minutos al día, durante ese tiempo puedes (o no) hacer algo productivo. Es tiempo que te has propuesto dedicar al asunto. Si no avanzas nada ¡no te preocupes! Al día siguiente lo volverás a intentar.

Eso sí, durante las 23h y 40min restantes del día, tendrás prohibido hacer nada para avanzar la tarea. ¡Disfruta de tu día sin remordimientos que al menos los has intentado! Y espera a los 20 minutos del día siguiente.

¡Te animo a probarlo! Quién sabe, puede que te invada el “efecto Zeigarnik” y sientas una necesidad imperiosa de seguir con la tarea hasta acabarla. ;)

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